TOM Y EL SILENCIO. Obra de teatro

Se habla de un teatro polémico e irrepresentable que escribió el dramaturgo español Federico García Lorca a principios de la década de los treinta. Una de las características por las que estas obras han enmarañado y trastocado numerosas conciencias es el tema central y la forma como éste se aborda.

La homosexualidad sigue siendo un tema que divide opiniones y suscita animosidades, a pesar de que cada día hay menos tabús al respecto.

En la literatura mexicana el grupo de Los contemporáneos esbozó el camino para hablar sobre la libertad sexual, sin embargo cabe resaltar en fechas recientes a Hugo Argüelles, Sergio Magaña y Oscar Liera, este último con obras como Camaleones; pero quien habló de forma reiterada de la homosexualidad fue Jesús González Dávila, quien escribió uno de los textos más representativos de la llamada Nueva Dramaturgia Mexicana: De la calle; aunque no menos importantes son el resto de sus dramas que hablan sobre el secreto y el fingimiento en una sociedad de doble moral.  

También lejos de nuestros límites territoriales encontramos a dramaturgos que han puesto sobre la escena la homosexualidad, sin caer en la moralina o en el discurso panfletario. Una de esas obras es Tom en la granja que, según Michel Marc Bouchard, es su visión de la homosexualidad con la conciencia que le dan sus 53 años de edad.

Tom en la granja sustenta su trama en la mentira, en el secreto que, como un fantasma, persigue a su creador aun después de la muerte. ¿Qué pasa cuando aquel que hizo el ocultamiento fallece? ¿Qué sucede cuando la verdad quiere salir a la luz por medio de un emisario que compartió una vida amorosa con el fallecido?

Tom, el amante citadino viaja para visitar a su familia política y acompañarlos en el duelo. Pero, apenas llega al lugar se ve obligado a callar sobre su relación con Guillaume, pues la mentalidad provinciana hace latente la homofobia. Hay partes de la puesta en escena que recuerdan a Pastel de Zarzamora de Dávila, en donde el amante luce con el rostro desencajado, y donde el discurso ambiguo permea hasta convertirse en una serie de diálogos de humor negro con toques de melodrama. El juego del espacio también es muy parecido en ambas obras.         

Boris Schoeman, director de Tom en la granja,  logra resaltar los matices poéticos del texto sin sobre actuaciones, la escenografía de Jorge Badilla es mesurada, pues pocos elementos bastan para dar la atmósfera de la granja: madera y paja.

La obra no tiene como objetivo escandalizar como hace tiempo pretendían algunos escritores al hablar de la sexualidad. Con sutileza la trama oscila entre el amor, el miedo, los secretos y la familia. 

Elman Trevizo

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