el teatro de frontera

El grupo Alborde Teatro, desde el principio de su labor escénica le ha tomado el pulso, a través de sus obras, a la época que le tocó vivir. En el actual sexenio presidencial ha cuestionado la forma como el gobierno combate el crimen organizado.

La agrupación  teatral se ha consolidado no sólo en el estado de Chihuahua de donde es originaria. Sus giras por varios lugares de México, su participación en muestras nacionales, el montaje de sus obras en los principales recintos escénicos, la invitación a festivales de talla internacional en Cuba, España y República Dominicana, y la presencia que tienen entre los críticos de teatro, demuestran la dedicación de sus actores, su dramaturgo y su director, quienes con el objetivo de hacer un trabajo profesional que esté a la altura de destacados grupos, se han rodeado de creadores de otras geografías; sin dejar de ser embajadores de su tierra norteña de la que dicen sentirse orgullosos.

Al cumplir dieciséis años como Asociación Civil y a punto de cambiar su nombre a Carretera 45 por conflictos legales con exintegrantes del grupo, el director y el dramaturgo del hasta hoy Alborde Teatro, platican sobre sus experiencias, desde aquellos momentos en que hace más de una década se convirtieron en la primera agrupación de provincia en ser elegidos por la Compañía Nacional de Teatro para montar una obra bajo la dirección de Luis de Tavira, actual director de dicha Compañía. Ese fue un buen augurio de lo que pasaría años después con esta asociación juarense.

Antes de encender la grabadora, Rodolfo Guerrero, director de Alborde, me confiesa que se pone nervioso con las entrevistas. “Mi trabajo es siempre estar atrás del escenario, hablo muy poco en público. Ni siquiera salgo después de cada función a agradecer a los asistentes porque me da pánico escénico. Es extraño porque soy actor, pero cuando se trata de improvisar me quedo pasmado”.

Estamos en el último piso de un edificio departamental de la colonia Condesa de la ciudad de México. El espacio es un muy pequeño pero confortable.  Al fondo se ve una cama finamente tendida y al lado unos cuantos libros de dramaturgia acomodados en un pequeño librero, cerca de donde se encuentra una vieja televisión. La plática transcurre alrededor de una vieja mesa de cuatro plazas.

¿Llevas tiempo viviendo aquí?

No, apenas un mes. Antes iba y venía de Morelia, pero el trabajo se ha juntado y ya no me da tiempo de ir y venir, además de que las cosas se pusieron muy feas en Michoacán… con muertos por todos lados… Bueno, aunque eso es en todo el país. Lo que me hizo mudarme definitivamente fueron los proyectos. 

¿Proyectos de dirección solamente?

No, también como actor. Estoy en la obra Los asesinos de David Olguín que habla sobre la violencia en Chihuahua y sus implicaciones… también tengo otros proyectos en puerta con varios grupos de provincia.

Parece que no logra vencer el nerviosismo. Se levanta, enciende un cigarro y va por un vaso de agua para echar las colillas. Luego se sienta de nuevo y de forma automática empieza a narrar sus inicios, como si en ese pasado se sintiera más seguro. Mientras habla se sujeta la barba blanca que denota sus 55 años de edad.   

—Al principio no nos llamábamos Alborde. Cada quién llegó por diferentes lados y de diferente forma al grupo que en ese tiempo dirigía Octavio Trías en Ciudad Juárez. Yo estaba en un grupo de teatro llamado La Matraca donde se montaban principalmente obras de Oscar Liera y Carballido. Una vez pasé por donde ensayaban al aire libre los del grupo Foro Independiente de Experimentación Teatral. (Le da una fumada al cigarro y tira la ceniza en el vaso, me mira esperando quizá una reafirmación o una pista que le dé a entender que la entrevista va bien. Con un ademán le digo que continúe). Me animé a preguntarle a Octavio Trías si podía entrar al grupo. Me miró de arriba a abajo, con la mirada dura que tenía… y como yo era un jovencito, me pesaba. Luego de un rato me preguntó “¿Y por qué quieres entrar?” Me quedé callado. “¿Te gusta lo que ves aquí?” Le dije que sí y entonces me dijo que me presentara la siguiente semana a esa hora. “¿Traigo algo?”, le pregunté inseguro. “No. Con que te presentes está bien”. Quizá dudaba que lo hiciera.

Octavio Trías en ese entonces se encontraba entre los mejores directores escénicos del país. Murió un par de años después de que Alborde se dividió.

Rodolfo Guerrero sigue recordando aquellos días en que hacía teatro en Ciudad Juárez; hoy considerado uno de los lugares más violentos del mundo.  

Según cuenta Rodolfo, la agrupación fue profesionalizando más los montajes, gracias a la dirección e importantes aportes y giros que daba Octavio Trías al grupo. Un día los invitaron a Morelos a un encuentro de grupos de teatro en donde Luis de Tavira dirigía la capacitación, entonces eso cambió la visión del teatro de muchos de sus integrantes.

—Fue una experiencia muy enriquecedora en donde me enfrenté a otra visión del quehacer escénico. Luego regresamos a Ciudad Juárez y tuvimos la inquietud de entrar a una convocatoria del Seguro Social, después de mucho discutirlo decidimos que nos llamaríamos Alborde Teatro, jugando siempre con el doble significado al juntar las dos palabras, y tomando en cuenta la condición fronteriza de los once integrantes del grupo.

En ese momento integraban el grupo muchos de los que ahora son importantes directores, actores y dramaturgos, como Yolanda Abbud, Perla de la Rosa, Joaquín Cosío, actor que incluso ha trabajado en Hollywood y en otras compañías cinematográficas de Estados Unidos, Guadalupe de la Mora, Gilberto Barraza y Antonio Zúñiga. Algunos siguen trabajando juntos. De acuerdo a Rodolfo, poco a poco se fueron dando las oportunidades de que cada uno de los integrantes de Alborde desarrollara sus habilidades en otros ámbitos del quehacer teatral. Por ejemplo, mientras él empezaba a dirigir, Antonio Zúñiga escribía sus primeras obras, y Sol blanco, una de ellas, se montó en el espacio de comodato del Seguro Social. Luego el mismo Rodolfo le dirigió Gol de oro. Por su parte, Perla de la Rosa es en la actualidad una importante activista y directora teatral en Ciudad Juárez.

¿En qué momento llegó la invitación de Luis de Tavira para dirigirlos?

Como nos fueron conociendo fuera del estado por nuestros montajes, un día llegó esa invitación para que los actores formáramos parte de la Compañía Nacional de Teatro. Fue en 1999, más o menos. La obra que Tavira iba a montar era Felipe Ángeles de Elena Garro.

En dicha obra Rodolfo Guerrero fue el protagonista, y para cumplir con el papel de un dirigente de la Revolución mexicana lo entrenaron en un campo militar cerca de Uruapan en Michoacán. Según confiesa, hubo momentos en que pensó en abandonar el proyecto, debido a lo difícil de la preparación.

—Afortunadamente me quedé, porque al aguantar la presión también aprendí muchas cosas de mí y de mi profesión. Me cambió la vida ese montaje. Ahí entendí que no se trataba de tomar el teatro como un pasatiempo, sino como parte de mi vida y que debía vivir de él. Estoy seguro que mis compañeros de Alborde que estaban en la obra también lo entendieron así, y aquí seguimos, al pie del cañón, siempre llevando con nosotros nuestras raíces. Siempre pensando en Chihuahua porque ahí nacimos biológicamente, pero también como actores, y eso es un doble nacimiento.  

La obra se presentó en el Julio Castillo, el segundo recinto teatral más importante del país después del Palacio de Bellas Artes. Sin embargo, ese fue inicio de la desintegración del grupo de Ciudad Juárez. Algunos actores no quisieron o no pudieron participar en el montaje de Felipe Ángeles, se separaron y los que habían actuado se quedaron en el Centro de Arte Dramático de Michoacán (Cedram) que también dirigía Luis de Tavira. Los que se quedaron en la ciudad fronteriza lo consideraron una traición y empezaron las fricciones, al punto de llevarlos a una década después a cambiar el nombre del grupo, porque los integrantes del acta constitutiva que no están en la ciudad de México amenazan con demandarlos por usar el nombre que a ellos también les corresponde. Según Rodolfo, la intención de él y de los otros compañeros que residen en la capital del país siempre ha sido continuar con el proyecto que inició Trías.    

¾El objetivo es aprender más y enriquecer con otra visión el teatro de nuestra tierra. Por eso nuestro teatro habla y es de Chihuahua. Por eso todos sus montajes los presentan en Chihuahua, e incluso algunos de ellos los hemos estrenado en el Festival de allá y llevado por supuesto a Ciudad Juárez. Nuestro próximo montaje ya está programado en uno de los teatros de nuestra tierra y habla de la violencia que se vive en ésta.

Según Rodolfo, ellos no critican la acción del gobierno de acabar con el crimen organizado, sólo cuestionan la forma como lo está haciendo, pues “no es sólo levantar la cloaca, es saber lo que vas a hacer cuando la levantes”.

La obra Mamá corazón de Acero se presentó en el Festival Internacional Chihuahua y va dirigida a niños y adolescentes. Aborda la violencia que se vive en México y la forma como los niños la interpretan y asimilan.

Hubo una segunda separación… ¿Cómo se dio?

¿La de Tavira? Bueno, pues… aunque estábamos muy bien en el Centro de Capacitación, sentimos nostalgia por lo que habíamos dejado, por eso montamos una obra de teatro que escribió Antonio: Una luna de pinole. Para eso Philippe Amand hizo una carpa para llevarla de forma itinerante.

La obra Una luna de pinole habla sobre los tarahumaras y sus costumbres, sus paisajes, sus vestimentas. Años después de la primera presentación en Chihuahua el montaje fue llevado al Festival Internacional de Cuba. Guerrero afirma que volverse a presentar en su tierra fue muy difícil, pues algunos chihuahuenses no los reconocían como de Ciudad Juárez y para los del Distrito Federal eran juarenses. “Es triste… sales de tu lugar de origen para lograr el reconocimiento y a veces sólo consigues un desconocimiento de tus propios coterráneos”.

Pero no sólo cambiaste de geografía, también tu papel en el teatro fue cambiando. Dejaste de actuar para convertirte en director, ¿cómo fue ese cambio? 

Antes de dirigir Una luna de pinole afortunadamente ya tenía experiencia de dirección, principalmente con niños. Fue ahí donde me di cuenta que el director viene del actor. Por lo menos en mi caso. Como director he sabido cómo transitar por cada texto que llevo a escena. En el caso de las obras de Zúñiga, éstas tienen huecos que dan la oportunidad de caminarse y complementarse.

¿Cómo es trabajar con Antonio Zúñiga? Tiene fama de ser muy meticuloso e inflexible con sus textos.

Algo hay de cierto en eso. (Sonríe). Pero somos grandes amigos, eso ayuda. Además, Zúñiga desde Pancho Villa y los niños de la bola empezó a escribir para los actores y eso hace que el texto sea muy cercano y lo entendamos todos. Hemos ido madurando juntos, siendo cada vez más propositivos… arriesgando y a veces adecuándonos a las nuevas tendencias del teatro en México. No podemos quedarnos estáticos. Eso hace que conozcamos también nuestras histerias, incluyendo las de Toño.

Sonríe, nervioso. Mira su reloj y se levanta. Con la mirada me dice que tiene que irse a los ensayos. Hago la última pregunta.

¿Por qué le pusieron Carretera 45 al grupo ahora que no pueden usar el nombre Alborde?

Es la carretera que atraviesa el centro y norte del país y llega hasta Ciudad Juárez. Eso queremos hacer nosotros: ser un vínculo entre centro y norte por medio del teatro. Creo que lo hemos sido durante los últimos años, pero queremos seguir siéndolo.      

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EL LÍDER DEL GRUPO

Antonio Zúñiga es uno de los dramaturgos más sobresalientes de la generación de los años sesenta, ubicado como referente en la esfera teatral nacional.  

Parralense de nacimiento y juarense por adopción, se ha dedicado al teatro en sus diferentes facetas, como actor, dramaturgo, productor y director.

La más reciente de sus obras Mamá corazón de acero explora la vida y obra del dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, partiendo de la  emblemática Madre coraje y sus hijos.

La plática transcurre en su casa ubicada en el Centro Histórico de la ciudad de México.

Mientras habla mira su reloj de forma insistente, como si tuviera que irse o esperara a alguien. Al parecer así viven los teatreros: siempre yéndose y sin embargo siempre esperando.

Tus Textos hablan de la frontera. De una frontera física y una frontera psicológica, es decir, una dualidad. ¿Es por tus vivencias en Ciudad Juárez?

El teatro es frontera. La frontera que no está sólo en los ríos Bravo y Suchiate. El teatro es frontera sin duda.  Pero una frontera movediza, como la arena de un pantano.

¿Así es de movediza la frontera del río Bravo? ¿Cómo viviste tu cercanía con Estados Unidos?

Hace quince años existía en  Ciudad Juárez, en una colonia de la región de Anapra, un lugar donde la línea divisoria entre México y Estados Unidos  estaba determinada por solamente una cuerda tirada en el desierto. Parado ahí, yendo de México, mirando a Estados Unidos, uno se sentía fuerte. Uno sentía que nada te podía detener. Al pararte ahí podías imaginar y sentir claramente que estabas parado sobre el mapamundi. Estabas en la orilla de todo el país, en el límite geográfico del  territorio mexicano y también del americano. Sin obstáculo aparente uno podía jugar a dar saltos sobre los dos países. Ahora estoy en México, ahora estoy en El Paso, ahora regreso a México y ahora estoy en el sueño Americano. De espaldas a mí, unas casas desvencijadas, construidas con carteras y cartón, enfrente de mí, Estados Unidos. Abajo, entre mis pies, tan sólo una débil cuerda. Eso es estar en la frontera.

Tu teatro además de ser frontera aborda el tema los límites geográficos y psicológicos. ¿Por qué escoger la vida y obra de Bertolt Brecht para una obra de teatro?, ¿sigue en esta obra el tema de la frontera, la esencia de Chihuahua?

Brecht es el más grande dramaturgo del siglo XX. Es el dramaturgo más crítico, más consistente, más moderno, más propositivo, más evolucionado de su época. Aborda temas como la guerra, las relaciones de clases, la pobreza y la riqueza; y estos siguen siendo vigentes en todos los países del mundo, y por supuesto en México, ahora que vivimos una guerra que se inició en contra de un espectro: del crimen organizado. Por eso sigue siendo un tema chihuahuense, porque Chihuahua está en guerra por una mala estrategia del gobierno. Por eso me basé en Bertolt para escribir Mamá corazón de acero.

¿Por qué para un público infantil?

Por el reto que significa llevar a los niños a un  autor que generalmente no llega a ellos. No entiendo por qué antes no se había hecho, ya que Bertolt es muy divertido, muy rico en imágenes, lleno de metáforas poderosas que encantan a los niños, lleno de posibilidades reflexivas que los niños convierten en herramientas muy valiosas de formación.

¿Cuál ha sido la reacción del público al verla?

Lo mejor que nos ha pasado es escuchar que las madres digan al salir del teatro: “esta obra no parece para niños, pero a mi hijo le encantó”

¿Cuál es tu razón principal para escribir teatro infantil?

La exigencia que presenta, el reto formidable que me impone, el poder navegar con las estructuras, yendo de un lado a otro, teniendo en cuenta siempre que al niño nunca lo vas a poder engañar. Tal vez se deje convencer, tal vez se divierta, pero nunca se dejará engañar.  Además, porque quiero hacer un teatro que provoque en el espectador-niño el deseo de regresar al teatro como espectador adulto.

¿A qué jugabas cuando niño, Antonio, además de estar en dos países al mismo tiempo?

A todo. A las escondidas, a brincar la cuerda, a los juegos que ya casi no existen… como Doña Blanca, a el juego del ¿lobo estas ahí, sí o no?, a las canicas,  a la matatena, al avioncito, a la rayuela, al trompo, a los encantados, a la liga, que era más para niñas, pero a mí me encantaba. También jugaba futbol, que en el norte apenas empezaba a jugarse, pues el béisbol era el rey de los deportes en aquellos lugares.

¿Cuál crees que sea la diferencia entre el niño que fuiste y el adulto que eres?

Ahora me gusta la cebolla, de hecho me encanta… y cuando era niño la detestaba (ríe).

¿Cómo ves la violencia que vive Chihuahua y en qué medida crees que afecte a los niños?

La violencia no la veo, porque vivo en la ciudad de México desde hace más de una década, sin embargo, lo que me cuentan mis amigos y familiares me pone la piel chinita de tristeza. Los niños son los más afectados porque viven entre las balas, acostumbrándose a vivir con el dolor a cuestas, sobreviviendo en medio del fuego. La muerte bajó del imaginario para convertirse en su realidad.

¿A qué juegan los niños de Chihuahua?

Juegan a no morir camino a la escuela.

¿Crees que el teatro cambia al mundo?

No, pero sí ha cambiado mi mundo.

¿Cuál es tu próximo trabajo?

Escribo en estos momentos una obra que trata sobre personajes típicos del centro de la ciudad de México. De los que viven alrededor del Garibaldi…

¿Seguirás trabajando con Rodolfo Guerrero?

¡Por supuesto!, es el único que me aguanta mis caprichos.

Se levanta y me abraza de una forma que interpreto como actoral y al mismo tiempo considero una despedida. No dice nada más y sube a la segunda planta de su departamento. Baja minutos después vestido de otra forma y me dice “te quedas en tu casa. No dejes que el perro se salga”. Se va a la calle. También salgo, pero ya no lo alcanzo.

Antonio Zúñiga recibió en días pasados la beca del Sistema Nacional de Creadores, el estímulo más importante que otorga el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes a los artistas del país. Entre sus obras, haciendo mancuerna de dirección con Rodolfo Guerrero, se encuentran Pancho Villa o los niños de la bola, Una luna de pinole, Mara o de la noche sin sueño y Rebelión; ésta última, basada en la obra La rebelión de los colgados de B. Traven.

Incluso con todos estos logros, sigue siendo un adulto de 51 años que voltea hacia el teatro con mirada de niño.

*Texto publicado en la Revista Solar del Instituto Chihuahuense de Cultura.

Elman Trevizo.

página del escritor Elman Trevizo