El polvo convertido en isla

Elman Trevizo

“Chihuahua es una isla”. El chaparro, minutos después de pronunciar estas palabras, le dispara a quemarropa a su amigo El torcido.

David Olguín es director y autor de Los asesinos, obra que a simple vista parece una apología del crimen. Luego se convierte en un texto que por medio de una inversión de roles incita a reflexionar sobre el papel de la víctima. Una tragicomedia con tonos fársicos en donde los que en un principio parecen víctimas se convierten en victimarios.

Los personajesutilizan un lenguaje de uso coloquial en el norte del país (especialmente en las rancherías de Chihuahua), poco a poco esos mismos personajes luchan por deshacerse de los vocablos fronterizos del lado de México.

La escenografía de Gabriel Pascales sobria pero sugerente (un árbol seco, una plataforma como la de un pequeño muelle y unos zapatos sembrados en la arena). Recuerda a ciertos paisajes rulfianos ¾en donde puede pasar la peor de las tragedias camuflada en una calma pasmosa. Por otra parte, un diálogo remite a un texto de Edmundo Valadés en donde unos hombres piden permiso para hacerse justicia por propia cuenta.

Además de fugaces connotaciones agraristas (aspecto lógico al tratarse de una isla), las referencias bíblicas son constantes, pues todos los personajes esperan a un jefe ausente que se hace obedecer por versículos de la biblia, como profeta antes del fin del mundo. Podríamos hablar de un hombre bestial camuflado de conservador.   

En Los asesinos, el dramaturgo y director David Olguín busca los detalles del lenguaje pero manteniendo un clima amargo con fatalismos asimilados por medio de humor y baile.

Sin embargo, las referencias literarias y el juego de palabras no aportan a la atmosfera, al conflicto, ni a la definición del carácter de los personajes; además, no son las suficientes para considerarse un texto donde rija el conceptismo que puede encontrarse en sus dos obras anteriores.

Si comparamos someramente las tres obras La lengua de los muertos, Los insensatos y Los asesinos nos encontramos con un patrón en donde la violencia rige, pero ello se convierte en algo trascendente sólo cuando se toma conciencia de las palabras y sus implicaciones. En la primera obra el habla es silenciada aunque hay un discurso político permanente, en la segunda la locura es la mayor justificación para anular lo que los dementes pretenden decir; mientras que en Los asesinos se pretende suplantar el lenguaje para camuflarse.  

Aunado a las reacciones emotivas que en el espectador puede producir, la historia de Los asesinos hace cuestionar la concepción que tenemos de los malos y los buenos, pues el tono fársico está marcado por la exageración de las situaciones y la crueldad desmedida, aunque, apegándonos al contexto del México actual, puede denominarse una obra de realismo puro o de humor negro, en donde la muerte no pide permiso.      

El elenco conformado por Laura Almela, Antonio Zúñiga, Rodolfo Guerrero, Gilberto Barraza, Sandra Rosales, Gustavo Linares,  Raúl Espinoza y Saith Torres, interpreta a sus personajes con la expresión corporal, sensibilidad y contraste justos. Aunque merecen mención aparte, Almela (La madrina o La gringa), Zúñiga (El chaparro) y Guerrero (Nicanor), en ellos se advierte la madurez actoral combinada con una muy buena dirección, en una obra que requiere de actuaciones equilibradas, de lo contrario, podría convertirse en un erróneo melodrama jaspeado de humorismo.

Los asesinos se presenta los sábados y domingos en el Teatro El Milagro. Milán 24, colonia Juárez.

Elman Trevizo

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