Octaviana: octavio paz

OCTAVIANA[1]

Elman Trevizo

Texto publicado originalmente en 2014.

A casi cien años del nacimiento de Octavio Paz (1914-1998) vale la pena preguntarse sobre cómo sería el mundo de la literatura si éste aún viviera, si tuviéramos entre nosotros al mexicano de permanente ímpetu poético.

Paz supo materializar esa energía en poemas, revistas[2], grupos literarios, amistades perdurables, la pasión por la pintura, textos de protesta[3], opiniones sobre política y democracia; y viajes a congresos en donde los asistentes pretendían cambiar el mundo.

Leer las cartas que Octavio Paz dirigía a sus amigos[4] y cómplices literarios, sirve para adentrarse a sus intereses, a los temas que lo apasionaban, a aquello que rechazaba de forma tajante y que le significaba nuevos enemigos, pues como el mismo Paz decía: “cuando no discrepo me siento triste”.

Tal vez, por esa misma personalidad ambivalente y entusiasta, se han construido mitos alrededor del único Premio Nobel de Literatura que tiene México; por ejemplo, se ha dicho que gozaba de una holgada situación material y por eso tenía el privilegio de viajar por todo el mundo. Contrario a lo que se dice, en sus cartas encontramos rastros de su precariedad y, vemos, cómo se dejaba ayudar por amigos como Alfonso Reyes y José Gorostiza[5], para seguir viviendo en los lugares a los que lo enviaban en su trabajo en el cuerpo diplomático[6].

También, en los últimos años, se le ha atribuido la autoría de Felipe Ángeles[7], un texto dramático que firma Elena Garro y, aunque se pinta como una mera teoría, la sola duda es insólita y perturbadora, pues la calidad de Felipe Ángeles es mucho mayor que la única obra de teatro que escribió el poeta mexicano; sin contar las divergencias en el género y tono.

En el 2014 se cumplirá un siglo del nacimiento del autor de mi Vida con la ola, seguramente los mitos se acrecentarán y no serán pocos los grupos que lo tomen como estandarte para hacer algún manifiesto mediático y literario, argumentando la renovación de la poesía mexicana.

El año entrante será de fiesta porque, leyéndolo, recordaremos a un gran poeta, pero también será de rencillas, pues, como nunca falta en los círculos literarios, Paz tiene sus detractores, que muchas veces toman como pretexto su vida personal y sus ideologías políticas para descalificar su obra literaria. Habrá, incluso, quien diga que no se tiene derecho a hablar del poeta si no se conoció personalmente.

Sin embargo, por fortuna, su trabajo permanecerá todavía por mucho tiempo, lo demás es jiribilla: meros acercamientos de morbo que no contribuyen al estudio de la obra del Premio Nobel de 1990.

Desde principio de este año, en el que se cumplen 15 de la muerte del ensayista de Mixcoac, dieron inicio las ediciones de libros que abordan su vida y obra. El Fondo de Cultura Económica, editorial que se ha dedicado a hacer la recopilación completa de sus obras, recientemente publicó Octavio Paz: el poema como caminata, de Hugo Verani y Octavio Paz a la deriva de la modernidad, del antropólogo francés Jacques Lafaye.

En un par de meses saldrá al mercado un libro en donde se habla no sólo de la obra de Paz, sino de sus amigos cercanos como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante. El libro se titulará Octavio Paz y su círculo intelectual, escrito por Jaime Perales, especialista en Literatura y Estudios Culturales.

Para aumentar la curiosidad por entender parte de la obra de los dos escritores mexicanos, el 16 de mayo de 2014 se hará pública la correspondencia de Fuentes; entre las cartas se encuentran las que se intercambió con Paz, justo antes del distanciamiento entre los dos escritores, distanciamiento al que contribuyó el ensayista Enrique Krauze. Carlos Fuentes, recientemente fallecido, dejó estipulado que, dos años después de su muerte, se dieran a conocer los documentos que se encuentran en resguardo en la Universidad de Princeton.

Directa o indirectamente, habrá mucho por conocer de Paz durante este par de años de conmemoración, en donde se empiezan a planear recitales, ediciones, reediciones corregidas y aumentadas, memorias, coloquios, concursos y mesas redondas en diversos países del orbe. Sin duda, durante estos eventos habrá comparativos, y no faltará quien cuestione la literatura que se escribe hoy, tomando como parámetro al Premio Nobel mexicano. Probablemente, de estas reflexiones, surja un corpus teórico que le dé un rumbo certero a la literatura mexicana, rescatando sus valores estéticos y recobrando ciertos temas, pues estamos lejos de tener un nuevo Premio Nobel de Literatura.   

Mientras todo esto sucede, he aquí una octaviana, en honor al gran poeta que a punto está de cumplir un siglo[8].


[1] Aunque el término hace referencia a Octavio César Augusto, en este caso se relaciona con un comentario que Paz le hizo a Alfonso Reyes en una de sus cartas, sobre un comentario de Alfonso Reyes elogiando a Paz. El poeta le contesta “gracias por la Octaviana”.   

[2] Paz editó o animó la fundación de revistas como Barandal, Taller, Cuadernos del Valle de México, Plural y Vuelta.

[3] Léase por ejemplo “Entre la piedra y la flor”, poema sobre la explotación en el campo que comenzó a escribir en 1937, durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas.

[4] Correspondencia: Alfonso Reyes / Octavio Paz (1939-1959) y Cartas a Tomás Segovia (1957-1985), publicados ambos por el Fondo de Cultura Económica, son sólo un ejemplo de la “afición” de Paz por intercambiar nutridas correspondencias con sus amigos.  

[5] José Gorostiza, que era Subsecretario de Relaciones Exteriores, lo ayudó durante muchos años; mientras Alfonso Reyes lo aconsejaba de forma acertada, pues Reyes había sido diplomático de 1920 a 1939.

[6] Fue enviado a Francia, Japón e India. Renunció a la embajada de esta última por los acontecimientos de Tlatelolco en 1968.

[7] Ver este excelente texto de Julio Aguilar sobre tal controversia: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61492.html

[8] Hecho significativo, pues en ocasiones los hechos trascendentes se dividen en cien años, y se utiliza como sinónimo de era o época. Por ejemplo, el Siglo de Oro, que aunque no es exacto en cuanto a los años que abarca, ello no le resta trascendencia a esta época de florecimiento artístico.  

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